lunes, 24 de marzo de 2025

Cuidados y apegos desorganizados, por José Luis Gonzalo


Cuidados y apego desorganizado

Artículo elaborado  por Jose Luis Gonzalo Marrodán, Psicólogo clínico y 

Traumaterapeuta sistémico, en base al libro:


Vídeo resumen del post de hoy:


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Estoy leyendo el libro de Carol George Disorganized Attachment and Caregiving. Esta investigadora del apego es reconocida internacionalmente por estar a la vanguardia del desarrollo de evaluaciones de apego para niños y adultos, incluidas la Evaluación Proyectiva del Apego con el Juego de Muñecas, la Entrevista de Cuidados y la Entrevista de Apego para Adultos. La Dra. George es autora de numerosos artículos de investigación y capítulos de libros sobre el apego y el cuidado de adultos y niños, y es coeditora, junto con Judith Solomon, del libro que os menciono.

Recientemente he visto la serie La Mesías, (creada, escrita y dirigida por Javier Ambrossi y Javier Calvo), aclamada por crítica y público, que retrata la historia de una familia -basada en hechos reales- marcada por el fanatismo religioso y el yugo de una madre y un padre con delirios mesiánicos. La trayectoria de la protagonista, Montserrat Baró, una joven con historia traumática de maltrato y abuso sexual, resulta muy interesante desde una óptica científica y profesional, quien tras dejar de lado a su pareja -que también la maltrataba a ella y abusaba de uno de sus hijos- lleva una vida caótica, desorientada, sin poder cuidar y ser base segura para sus niños, de fiesta en fiesta y consumiendo sustancias, exponiendo a los niños a experiencias inseguras y atemorizantes con adultos desconocidos. Va con sus hijos a todos los lados sin protegerles de los ambientes tóxicos y traumáticos en los que ella se desenvuelve, ni de sus cambiantes e intensos estados de ánimo. Esta madre, muy sola, desregulada, termina por conocer en una discoteca a un hombre que inicialmente no usa su cuerpo como si fuera una prostituta y la respeta. Pero... este señor la lleva con él para que formen una familia reconstituida -algo que buscan todas estas personas carenciadas, alguien que se haga cargo de ellas-, volviendo a ser victimizada: la impone ideas religiosas extremas propias de un fanatismo religioso. Montserrat (por necesidad y sumisión) vive para servir al marido y tener muchos hijos -sin ni siquiera planificar si desea o no tenerlos-, por lo que este estrés sostenido acaba por afectarla psicológicamente -es una persona previamente dañada- y desarrolla un trastorno psicótico. Cree que es la nueva Mesías de Dios... Y hasta aquí cuento, porque la serie es mucho más. Podríamos dedicar mucho tiempo a hablar, por ejemplo, de los recursos de supervivencia que desarrollan estos niños en ese contexto familiar dañino, entre ellos a cantar, coser y hacer películas.

De la serie, me han gustado muchas cosas. Destaco lo bien caracterizado que está el impacto que el trauma en el desarrollo tiene en dos de los hijos de esta familia, ya de adultos, cuyo pasado volverá a ellos y tendrán que afrontarlo, para poder ayudar a sus hermanos. El chico protagonista, el mayor, es un perfil en que el trauma complejo se expresa en la conducta desregulada, en las dificultades para contener la agresividad, en los consumos de sustancias, en la vida caótica y desorientada, en los problemas para mantener vínculos estables. En cambio, la semblanza de la joven protagonista es un perfil más adaptado socialmente y más esperado en el género femenino: perfeccionista, exigente, rígida, con sintomatología más interiorizada, pero igualmente de atormentada que su hermano.

Os dejo un trailer, y os animo a que la veáis, quienes no lo hayáis hecho. Es una serie realmente muy bien creada desde todos los puntos de vista. 




Viendo la serie, los personajes de los padres me han parecido que responden al perfil de cuidadores desorganizados que fomentarían, valga la redundancia, la desorganización del vínculo de apego de sus hijos. La propuesta de Carol George para explicar por qué se produce esto me ha parecido muy interesante y útil para nuestro trabajo, pues a menudo tenemos que relacionarnos y hacer terapia u otra forma de acompañamiento con estos padres y madres. 

Carol George nos dice que los padres deben permanecer atentos en la detección de los peligros reales y potenciales para poder responder a las necesidades del niño y las demandas de la situación. Ser madre y ser padre, a nadie se le escapa, es una de las tareas más complejas, arduas y difíciles a la que nos enfrentamos y para la que menos preparación y ayudas existen. Casi todo el mundo mira consciente o inconscientemente a lo que hicieron con ellos, y de no mediar un proceso reflexivo, si esto que hicieron conmigo devino en representaciones mentales segregadas no elaboradas, por su carácter traumático, tenemos el riesgo de transmitirlo de manera que repita dicho trauma con los hijos, de la misma forma o de otra, pero dañina también (por ejemplo, en vez de maltratar a los niños, hiperprotegerlos).

Además de cuidar sensible y empáticamente, fomentando un apego seguro, el sistema de cuidados debe de compensarse de acuerdo con las demandas de otros sistemas motivacionales de los adultos, incluyendo relaciones con amigos (sistema afiliativo), sexuales (sistema sexual), trabajo (sistema exploratorio) y lo más importante las propias necesidades de los padres de confort y cuidados.

Bowlby (1980) nos introdujo el concepto de modelo interno de trabajo. "Los modelos operativos internos son mapas cognitivos, representaciones, esquemas o guiones que un individuo construye de sí mismo, sus figuras de apego y la relación entre uno y otro. Los modelos operativos internos constituyen redes de esquemas organizados jerárquicamente y en interrelación. Representan un conjunto de información relacionada con experiencias de apego previas, almacenadas en forma de recuerdos episódicos, semánticos y procedimentales. Están vinculados a estados emocionales" (Marrone, 2018). Por ejemplo, el modelo operativo de Montserrat de la ficción La Mesias, ¿qué podría contener? En la serie no se ahonda en esto, pero se atisba que podría ser un mapa representacional de sus figuras de apego como distantes, no responsivas, que abandonan. Montserrat podría haber desarrollado unas creencias nucleares de este tipo: “no soy querible”, “no valgo” y “soy abandonada”, cargadas de emociones intensas de vergüenza y angustia y con unas sensaciones corporales dolorosas; en su procedimiento está actuar la negligencia que ella sufrió, por lo que se descuida a sí misma y en consecuencia a sus hijos. Por lo tanto, el modelo interno de trabajo del cuidador refleja la intersección de diferentes experiencias relacionales, incluyendo las experiencias pasadas y presentes como niño y las propias experiencias con las figuras de apego.

¿Qué nos dice Carol George? Los estudios científicos han demostrado vínculos entre las representaciones maternas (cuando decimos maternas nos referimos a quien haga esa función también) y la sensibilidad al niño, sugiriendo que esta sensibilidad representada mentalmente puede ser un importante mecanismo en la transmisión de los patrones de apego a lo largo de generaciones. Lo importante sería valorar estas representaciones a familias de alto riesgo y ofrecerles apoyo y programas de actuación psicoeducativos conducentes a trabajar las competencias parentales (Barudy y Dantagnan, 2010). Es decir, movernos en el ámbito de la prevención primaria y no la secundaria. 

Carol George afirma que son madres o cuidadores que parecen haber abdicado psicológicamente del rol de cuidadoras o están luchando sin éxito para mantener el control y dar protección. El cuidado está invertido –literalmente, desorganizado- y mina la habilidad de la madre para llevar la función protectora de la relación de apego-cuidados.

¿Por qué estas madres o padres no tienen conciencia de problema? George refiere que son procesos excluyentes que funcionan para aislar experiencias dolorosas relacionadas con el apego y apartar las emociones de la conciencia: patrones específicos que conforman conductas de apego unido a los deseos, pensamientos, modelos de trabajo y memorias personales integradas en ellos. Las representaciones y emociones dolorosas se disocian, quedan en un estado del yo separado que no conecta con lo que ocurre, o usa mecanismos de defensa para negarlo, proyectarlo o minimizarlo. George dice que los sistemas segregados mantienen un self representacional separado que es rígidamente barrido de la conciencia y por lo tanto bloquea los procesos de integración de los pensamientos que se requieren para mantener integrada la conducta de apego y la representación del self. 

Por lo tanto, no pueden ser coherentes entre lo que dicen y luego hacen, su mentalización puede ser pseudo, con posibles discursos cognitivos sobre lo que se debe hacer, pero no estar verdaderamente integrado, unido en una representación coherente donde pensamiento, emoción y conducta estén en congruencia. Fue Bowlby (1980) quien habló de los sistemas segregados, los modelos actuales le dan la razón.

Como le ocurre a la protagonista de La Mesías, Montserrat, la desorganización de los cuidados sería un duelo referido a la pérdida o el abuso no resuelto por el cuidador.

El primer mecanismo que desorganiza el apego de un niño es la representación disociada relacionada con estados de mente no resueltos. Lyons-Ruth y colegas ven el origen de la desorganización como representaciones no integradas de maltrato y caracterizadas por estados de mente relacionados con experiencias pasadas. Dichas experiencias son: conductas impredecibles fuera de control para el niño (padres con consumos, como en La Mesías) Lyons-Ruth y equipo han descubierto que una madre que no ha sido protegida de esas experiencias presenta miedos segregados que contribuyen a la desorganización su sistema de cuidados y deviene en imposibilidad de cuidar a su propio hijo. 

¿Cómo se detecta en la entrevista? Se identifica durante la entrevista cuando las descripciones de las madres sobre los cuidados son inundados por la angustia o el miedo y abrumados por sentimientos de vulnerabilidad, inadecuación y estar fuera de control. Hay dos subtipos de cuidadores: DESREGULADOS Y CONSTREÑIDOS.

En el subtipo desregulado, la madre o cuidador retrata al niño como su adversario, como un “demonio” cuya conducta maliciosa es incontrolable. El cuidado de estos niños puede ser tan complicado que estas madres figurativamente e incluso literalmente tiran la toalla, abdicando de su función o se vuelven confrontadoras. Son altamente emocionales y definen a sus hijos de manera crítica y hostil. Hay mecanismos de identificación proyectiva claros y entrada en estados de mente prementalizadores, como el de equivalencia.

Se manifiesta por interrupciones abruptas de la madre no respondiendo a la entrevista o no implicándose en el tema planteado por el entrevistador. La madre se queda como “en blanco”.

La desregulación emocional tiende a darse en cuidadores que
perciben a los niños como "maliciosos"


En el subtipo constreñido, sucede como un bloqueo defensivo ante memorias y afectos que de otro modo resultarían dolorosos o amenazantes de describir. Este bloqueo puede ser disociativo, pero no necesariamente. Estas madres definen a los niños como "ángeles", un niño perfecto que no parece necesitar los cuidados de estas. También pueden ver a los niños como un apéndice del self de ellas. La capacidad de “cuidar” de estos niños es vivida de una manera muy positiva, como una gran cualidad de los niños, al contrario que los primeros. 

En consecuencia, bien por desregulación o por constricción supone que la meta recíproca del sistema de cuidados y del apego está desequilibrada y en un estado de ruptura. La madre y el niño están atrapados en un ciclo de abandono mutuo, aislamiento y soledad que, visto desde un sistema de cuidados, constituye la experiencia humana más aterradora.

La desorganización está asociada con un fallo de la madre para reestablecer la sincronía emocional seguido de cambios hostiles y disruptivos que perturban la comunicación y la interacción.

Los patrones de interacción disruptiva han sido observados como característicos de las díadas controladoras madre/hijo en los años preescolares y en la mitad de la infancia. 

Las madres de los niños controladores se ha observado que son más disruptivas, conflictivas, no involucradas y hostiles que las madres cuyos hijos tienen un apego seguro. Detrás de estos perfiles de niños que suelen ser diagnosticados de TDAH o trastorno de conducta se pueden encontrar apegos desorganizados, por lo que la mirada sistémica y comprensiva del niño en su contexto, a la hora de evaluar y tratar, es fundamental, porque si no sólo señalaremos a la persona menor de edad con una etiqueta diagnóstica y no abordaremos la raíz del problema. 

Bowlby ya enfatizaba que el cuidador, la figura de apego, debe de asumir un rol que lo sitúe en ser más mayor, sabio y poderoso que el niño. Es fundamental, entonces, el apoyo y promoción de las competencias y la resiliencia parental, porque sin estos cuidadores sanos, y más poderosos (en el sentido bueno de la palabra, una autoridad calmada), el desarrollo del niño estará comprometido. 

Hemos de entender que para compensar la desorganización los niños desarrollarán defensas. El control de la relación es la principal. Los niños con apego desorganizado usan estas defensas para bregar con emociones de abandono o maltrato que son terribles. Por eso las defensas controladoras parecen ser esfuerzos desesperados que el niño hace para poder reestablecer la relación protectora cuidados/apego, especialmente cuando el sistema de apego es activado y el niño se siente aterrorizado, vulnerable o en riesgo de abandono.

El niño con estrategias más punitivas está librando una batalla en la que se se baten madre e hijo por el poder. De este modo la señal que se le lanza es que no está siendo abandonado.

El niño con estrategias más cuidadoras es el niño que nutre a la madre con el fin de recuperarla para que haga su rol cuidador.

REFERENCIAS

Barudy, J. y Dantagnan, M. (2010). Los desafíos invisibles de ser padre o madre. Manual de evaluación de las competencias y la resiliencia parental. Barcelona: Gedisa.

Bowlby, J. (1980). Attachment and loss. Vol. 3. Loss: Sadness and depression. New York: Basic Books. 

Marrone, M. (2018). La teoría del apego y el psicodrama. Clínica Contemporánea, 9 (2), E11.

lunes, 3 de marzo de 2025

Entrevista a Carlos Pitillas, Doctor en psicología, sobre su nuevo libro "Caminar sobre las huellas. Vínculos, trauma y desarrollo humano"



Entrevista a Carlos Pitillas, Doctor en psicología.
Con motivo de la publicación de su nuevo libro
"Caminar sobre las huellas. 
Vínculos, trauma y desarrollo humano"

Vídeo de Carlos Pitillas presentando su libro
en exclusiva para todos/as los y las seguidores/as
de Buenos tratos


Carlos Pitillas Salvá es Doctor en Psicología por la Universidad Pontificia Comillas, donde imparte clases de Psicoanálisis, Clínica Psicodinámica de la Infancia y Adolescencia o Intervención con Familias en Riesgo de Exclusión, entre otras. Coordina el proyecto Primera Alianza: mejorando los vínculos tempranos, a través del cual ha intervenido con familias en ámbitos de exclusión, ha formado y supervisado a profesionales de la protección del menor y ha desarrollado investigación sobre innovación en el trabajo con familias. Se ha especializado en la detección, prevención y tratamiento del trauma interpersonal temprano. Recientemente, ha comenzado a trabajar sobre cuestiones de crianza e intervención centrada en el vínculo en contextos no occidentales. Es co-autor de Primera Alianza: fortalecer y reparar los vínculos tempranos. Contacto:  cpitillas@comillas.edu



Presentación

En Buenos tratos sólo nos hacemos eco de los libros de calidad, como este que tengo el honor de presentaros hoy de mi colega y profesor de la Universidad de Comillas, Carlos Pitillas. 

Carlos, muchas gracias por atender, una vez más, la llamada de Buenos tratos, es un placer tenerte de nuevo entre nosotros. Me gustaría recordar tu participación en el blog, con un artículo titulado: "Primera alianza: fortalecer y reparar los vínculos tempranos". También fuiste ponente en San Sebastián, en las VI Conversaciones sobre Apego y Resiliencia, en el año 2022, con una conferencia en torno a la transmisión intergeneracional del trauma. Con esto has demostrado tu compromiso con este blog. Ahora amablemente te acercas por aquí porque has publicado un nuevo libro, del cual nos hacemos eco, titulado “Caminar sobre las huellas. Vínculos, trauma y desarrollo humano”. Te ha llevado años de trabajo. 

José Luis: ¿Por qué este libro, Carlos? ¿Cuál es la motivación que te ha animado a escribirlo?

Carlos: Gracias por tenerme de nuevo en este espacio que admiro tanto y tanto ayuda. Es un placer y, también, un apoyo que valoro mucho para este libro. Caminar sobre las huellas es un ensayo que viene gestándose desde que me dedico a hablar, en contextos diversos, sobre el efecto de las experiencias vinculares tempranas en el desarrollo social y emocional de las personas y, particularmente, sobre los modos en que el trauma afecta a estas trayectorias. En ese sentido, el libro emerge de todas las ocasiones en que he tenido que estudiar y organizar el conocimiento que existe sobre este tema, y hacerlo accesible para otros. Es, en definitiva, mi “modelo” acerca de cómo se construye la mente socio-afectiva partiendo de los vínculos tempranos. El modelo se ha elaborado a través de los años, en diálogo tanto con la literatura científica y con las personas a las que he tenido la suerte de dar clase, tratar o supervisar, y bebe de la teoría del apego, la teoría del trauma, y la teoría psicoanalítica contemporánea. 

La motivación por la que preguntas está muy cerca de lo que acabo de explicar. Se trataba de plasmar y compartir (en la versión más ordenada de la que soy capaz) algo que llevaba leyendo, estudiando y contando a otros durante una parte importante de mi carrera. Esta motivación era casi una necesidad, si se quiere. Y que el libro exista ahora y esté publicado es una alegría y tiene algo de liberación (¡llevaba mucho tiempo dentro de mi cabeza!), aunque esto también se acompaña, claro, de cierto vértigo.

Portada del nuevo libro de Carlos Pitillas.

Para adquirir el libro, haz click AQUÍ


José Luis: ¿Puedes contarnos cuál es el plan del libro?

Carlos: "Caminar sobre las huellas" comienza con una introducción donde se establece una de sus premisas básicas (si no la más importante): nuestro funcionamiento actual en las relaciones (nuestra identidad, la forma que tenemos de sentirnos y comportarnos en el seno de los vínculos importantes) es el resultado de nuestras trayectorias de desarrollo, las cuales comienzan con la primera puerta al mundo social que son esos vínculos que establecemos en la de niñez y la adolescencia, en el seno de la familia (aunque no solo). Y esta premisa es la que da sentido al título, que hace referencia al hecho de que nuestros patrones relacionales adultos son, hasta cierto punto, una repetición de aspectos de nuestras relaciones tempranas (interacciones que se hicieron habituales, afectos nucleares, estrategias de “supervivencia” que tuvimos que desarrollar, etc.). 

Aunque rara vez nos damos cuenta, caminamos sobre nuestras propias huellas. Repetimos, revivimos y, en los casos más graves (cuando venimos de un mal sitio), podemos llegar a reproducir formas de dolor muy destructivas, en nosotros mismos o en los demás. La persona que repetidamente se expone a situaciones de maltrato; quien cae una y otra vez en experiencias de invisibilidad social o aislamiento; el que con frecuencia gestiona su fragilidad asustando o dañando a otros; quien se aleja de las buenas oportunidades que la vida le pone por delante (una relación amable, la oportunidad de ser visto o cuidado, etc.); entre otros, están, en muchos casos, siendo víctimas de procesos emocionales y cognitivos que se instalaron tempranamente y que sesgan el comportamiento, adulto de formas que son (auto)destructivas y perpetúan el trauma. 

El plan del libro comienza, por lo tanto, estableciendo y fundamentando esta premisa, para continuar “desempaquetando” el conjunto de procesos que sostienen esta relación pasado-presente. 

Dichos procesos (en orden de aparición), incluyen:

Los esquemas cognitivo-afectivos que adquirimos de pequeños y que nos sirven para poner orden y navegar la experiencia social. Esquemas de seguridad (p.ej., sentirse querido, en contacto con alguien que quiere; sentirse seguro en contacto con un cuidador disponible), esquemas de inseguridad (p.ej., sentirse incapaz de retener a un cuidador esquivo o intermitente), o esquemas traumáticos (p.ej., verse como alguien pequeño en contacto con otros que son destructivos y de los que se depende).

Los antecedentes intergeneracionales de la seguridad y del maltrato, es decir, los mecanismos invisibles que hacen que los padres puedan dar seguridad a sus hijos o, por el contrario, exponerlos a un peligro que –de formas a veces sutiles– reproducen el peligro que ellos mismos vivieron. Los miedos de los padres, sus tendencias defensivas, su capacidad de ajustarse al temperamento del niño, o su capacidad de ver al niño como una persona separada y por derecho propio, son abordados como partes fundamentales del “juego” relacional que marca la diferencia entre vínculos tempranos seguros o inseguros/traumáticos. 

Las adaptaciones que hacen algunos niños a las condiciones inseguras en las que crecen. Estas adaptaciones han sido particularmente bien estudiadas a la luz de los estilos de apego, las defensas de apego o las estrategias de reorganización del apego en niños que sufren mucha confusión y miedo (porque tienen padres muy confusos o muy asustados ellos mismos). 

El libro se sumerge, entonces, en la “arquitectura” de la mente traumatizada y sus conflictos. Aquí exploramos la fragmentación interna de los niños que han crecido con padres impredecibles o amenazantes, la agresividad –muy difícil de manejar– que acumulan estos individuos, sus fantasías negativas acerca de los demás, o la necesidad de esconder ciertas necesidades o emociones como vía de supervivencia, entre otras. En definitiva: cómo una historia de peligro estimula la tendencia a defenderse.

Y las defensas siempre tienen su límite funcional, es decir, tarde o temprano, dejan de servirnos. El libro finaliza dedicando algunas secciones al efecto “irónico” de las defensas postraumáticas más rígidas. Estas, al tratar de salvarnos de un peligro, lo que hacen es exponernos con más fuerza a otros peligros que no somos capaces de predecir.

El libro finaliza con dos casos narrados con relativo detalle y analizados bajo el prisma de todos los contenidos que se estudian en las secciones previas. 

José Luis: “Algunos sesgos y patrones en nuestra forma de actuar y sentir parecen acompañarnos desde nuestros primeros años…” afirmas en la presentación. Esto es cierto para todas las personas, pero es especialmente importante para quienes han sufrido traumas tempranos y complejos. Me vienen a la mente los niños acogidos y adoptados, cuyas familias siguen este blog, cuyos patrones -por ejemplo, el temor al abandono- les influyen poderosamente a lo largo de la vida. Poder comprender esto es importante para que la crianza y la terapia sean reparadoras para estos niños, y que las familias reciban el apoyo que necesitan…

Carlos: Absolutamente. Cada vez me convenzo más de que el mejor modo de cuidar a alguien y alcanzar una verdadera reciprocidad en una relación (con los hijos, con las parejas, con los pacientes) es a través de un reconocimiento de la vulnerabilidad propia. Este reconocimiento, si se hace bajo condiciones de seguridad y uno es hasta cierto punto capaz de apropiarse de ello, nos permite establecer relaciones más profundas, y más complejas (en el buen sentido). Si están en contacto con su vulnerabilidad, los padres acogedores y adoptantes, los profesionales de la relación de ayuda, los tutores de resiliencia y educadores, los padres biológicos, etc., son más sensibles, más conscientes de sus límites, más capaces de pedir ayuda a tiempo, más capaces de recuperar su mentalización cuando la pierden, y más justos. Esta vulnerabilidad, con frecuencia, es histórica: la traemos de un tiempo anterior y de una relación pasada. Así que aquí hay un trabajo narrativo (mirar hacia atrás y contarse uno su propia historia) que, por cierto, casi siempre es imposible de hacer fuera de una relación mínimamente segura. 

José Luis: ¿Consideras que es un libro para profesionales o también pueden beneficiarse de su lectura las familias y el público en general?

Carlos: Es un libro técnico, pero he hecho un esfuerzo grande por conseguir que la exposición de los principios sea accesible para cualquiera. He intentado que los conceptos complejos tengan relevancia y sentido para personas diversas y no necesariamente formadas. En este caso, además, me he permitido incorporar al texto muchos ejemplos de la cultura: extractos de novelas, referencias a películas, anécdotas de la historia de la cultura (hay una referencia a Elvis Presley a la que tengo especial cariño), incluso cito trozos del monólogo de un cómico estadounidense. No puedo estar seguro de que estas estrategias hayan hecho que el libro sea accesible y claro. Pero, si me he acercado algo a este objetivo, pienso que el libro podría servir a personas ajenas a la profesión. Supongo que el tiempo (y el feedback) dirán. 

José Luis: Si pudieras hacer una síntesis de lo fundamental del libro, dirías…

Que es un ensayo escrito con un intento de precisión y, al mismo tiempo, mucha pasión por este problema científico y humano que es la pregunta acerca de cómo nos construimos, y por qué a veces es tan difícil, para las personas que han tenido peor suerte, dejar de sufrir. 

José Luis: ¿Quieres decirnos algo más sobre el libro?

Carlos: Que me siento afortunado de haberlo escrito y agradecido de todos los interlocutores (alumnos, pacientes, colegas, etc.) que, a lo largo de los años, han motivado su existencia.

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Buenos tratos regresará con un nuevo post 
el día 24 de marzo de 2025, como siempre, a las 9:30h de España