
También hemos podido conocer a través de los medios de comunicación las primeras medidas cautelares adoptadas por el juez para los detenidos menores de edad: prohibirles salir de casa y hacer fiesta, debiendo permanecer en sus hogares a partir de las diez de la noche durante tres meses.
Dicen los psicólogos que han evaluado a los jóvenes detenidos que son estudiantes, con buenos resultados, sin antecedentes penales y de familias que no son desestructuradas. No presentan un perfil multiproblemático, al contrario, se hace referencia a un grado normal de ajuste y adaptación psicosocial.
Escuché a uno de los jóvenes que era entrevistado, ante la pregunta de por qué actuaban de esa manera tan violenta y destructiva, contestar lo siguiente: “Básicamente reivindicar el alcohol y el odio a la policía” También pudimos asistir a la grabación efectuada por uno de estos muchachos, con un teléfono móvil, en el que pedía a un compañero que le enfocara para registrar la machada que iba a hacer: lanzar un objeto contra la policía.
He escuchado también las descalificaciones que les han dedicado desde distintos ámbitos a estos jóvenes: pijilelos, niños de papá, salvajes, descerebrados…
Como se trata de opinar –y cada uno tiene su punto de vista-, creo que las medidas cautelares son realmente blandas e incluso ridículas para los menores: en libertad pero castigados en casa sin salir de juerga durante tres meses; algo que corresponde más a los padres que a la justicia. Supongo que habrá que esperar a que se celebre el juicio para que las medidas sean reeducativas, reparadoras y sancionadoras, según cada caso. Y según sean mayores o menores de edad, pues con estos últimos el aspecto reeducativo y reparador del daño es fundamental, a mi juicio.
Luego está, opino yo, la cuestión de por qué se comportan de una manera tan salvaje, mostrando acusada insensibilidad ante el daño que pueden producir. Una explicación de estos tristes hechos la atisbo en las palabras del joven que entrevistaron. Éstas son reveladoras: alcohol –lo cual simboliza el deseo de evadirse y antestesiarse, por un lado, y por otro, de desinhibirse- y odio a la policía –un símbolo de la autoridad de las instituciones sociales hacia las cuales se sienten desencantados y enrabietados hasta el paroxismo porque no son capaces de dar respuesta a sus múltiples problemas como jóvenes: la carestía de la vivienda, los sueldos bajos, los contratos basura… en definitiva, la falta de perspectiva vital ¿Cuántos de estos jóvenes mayores de edad se abstuvieron de votar en las últimas elecciones? Sería interesante saberlo- Es una forma de protesta contra un sistema al cual detestan. Si no les dejan evadirse con el alcohol, la emprenden violentamente contra quienes simbolizan una autoridad que rechazan.
Ahora bien, esto no justifica sus actos, por supuesto. Estos jóvenes han de pensar en cómo poder cambiar su situación por otras vías aceptadas por el sistema, pues este sólo se puede llegar a modificar en alguno de sus componentes desde dentro del mismo. Otras generaciones lo tuvieron tan difícil o más que ellos y no recurrieron a actos de este jaez.

De las dos explicaciones, me decanto más por esta última. Aunque mi amigo y compañero de blog Alberto me dice, y con razón, que por qué no las dos explicaciones.
¡Ah, y no olvidemos que estos actos son hechos por unos pocos jóvenes, no cometamos el error de la sobregeneralización! Evidente y afortunadamente, no todos los jóvenes son así.
Me gustaría conocer, como siempre, vuestra opinión sobre este tema ¿Cómo explicas tú lo ocurrido en Pozuelo?
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